Saludos amigos de Chirchi. En los últimos días, la conversación dentro de la comunidad cosplay en redes sociales se ha visto sacudida por una serie de denuncias públicas relacionadas con el uso no autorizado de fotografías. El foco de estas acusaciones apunta a un perfil que opera bajo el nombre de Roby Hino, señalado por distintas creadoras por presuntamente apropiarse de imágenes ajenas, editarlas y publicarlas como si fueran contenido propio.

El caso comenzó a ganar visibilidad luego de que Judy’s Lullaby, cosplayer y creadora de contenido con una presencia consolidada en Facebook, denunciara abiertamente en sus redes sociales que sus fotografías de cosplay habían sido tomadas sin consentimiento. En su mensaje, explicó que las imágenes fueron manipuladas digitalmente para sustituir su rostro, una práctica que no solo borra la autoría original, sino que también distorsiona la identidad del trabajo creativo. Judy hizo un llamado directo a su comunidad para reportar los perfiles implicados, señalando que, tras detectar el uso indebido de su material, fue bloqueada por la cuenta denunciada.

A partir de esa publicación, otras voces comenzaron a sumarse. Una de ellas fue la de Shely Midori, quien compartió un testimonio en el que afirma haber pasado por una situación similar. En su mensaje, dejó claro que no se trata de una confusión menor ni de un error inocente, sino de una práctica que considera incorrecta y carente de toda ética. Su postura coincide con la de Judy’s Lullaby al subrayar que tomar fotos ajenas y reutilizarlas sin permiso vulnera el trabajo, el esfuerzo y los límites personales de quienes crean contenido.

La denuncia trascendió el ámbito local cuando Scarlett Schwendinger publicó un mensaje de advertencia dirigido a otros cosplayers. En su testimonio, señaló que sus propias fotografías también habrían sido utilizadas sin autorización y editadas para colocar el rostro de otra persona. Su mensaje, difundido en inglés, enfatiza que este tipo de comportamiento representa una violación directa al trabajo creativo, a la identidad y a los límites personales de los artistas visuales, además de ser profundamente irrespetuoso para la comunidad.

Es importante subrayar que todas estas acusaciones se basan en publicaciones y testimonios compartidos de manera pública en redes sociales. Hasta el momento, no existe información que confirme una resolución oficial por parte de la plataforma, pero la acumulación de denuncias ha encendido las alarmas sobre un problema recurrente: la facilidad con la que el contenido digital puede ser reutilizado y manipulado sin autorización.
Desde una mirada crítica, este caso vuelve a evidenciar una realidad incómoda para el entorno cosplay. Detrás de cada fotografía hay horas de planeación, inversión económica, trabajo artesanal y producción visual. Cuando alguien se apropia de ese material y lo presenta como propio, no solo afecta a una persona en particular, sino que debilita la confianza colectiva y normaliza prácticas que atentan contra la creatividad independiente.
En Chirchi consideramos fundamental abordar estos temas con responsabilidad. No se trata de señalar sin fundamento, sino de dar contexto a denuncias públicas que invitan a reflexionar sobre el respeto al trabajo ajeno en la era digital. Mientras las plataformas continúan afinando sus mecanismos de protección, la comunidad juega un papel clave: informarse, proteger su contenido y denunciar cuando existan indicios claros de uso indebido.
El caso de Roby Hino, expuesto a partir de las denuncias de Judy’s Lullaby y otras cosplayers, se ha convertido en un recordatorio contundente de que el robo de contenido no es un asunto menor. Es una problemática que merece atención, debate y, sobre todo, acciones que protejan a quienes mantienen viva la creatividad dentro del mundo del cosplay.









