Saludos amigos de Chirchi. La conversación que domina hoy las redes vuelve a poner en entredicho la relación de Hollywood con la animación japonesa, este 22 de enero se dieron a conocer las nominaciones al Oscar 2026 en la categoría de Mejor Película de Animación y, una vez más, el resultado ha provocado una oleada de críticas por la ausencia total de producciones japonesas que marcaron el año a nivel global. Para muchos espectadores y analistas, el mensaje parece repetirse: el éxito comercial y el impacto cultural del anime no siempre encuentran eco en la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas.
Uno de los casos que más ha indignado es el de Demon Slayer: Kimetsu no Yaiba – Infinity Castle, una producción que no solo arrasó en taquilla con cifras cercanas a los 779 millones de dólares, sino que también fue reconocida por su nivel técnico y narrativo. Su exclusión resulta difícil de explicar si se consideran los récords que rompió y el fenómeno social que generó en distintos mercados. A pesar de cumplir con los requisitos de elegibilidad, la película quedó fuera de toda consideración oficial, reforzando la percepción de que existe un techo invisible para este tipo de obras.

Una situación similar se vivió con Chainsaw Man: The Movie – Reze Arc, respaldada por un estudio con prestigio internacional y una base de seguidores masiva. La cinta tampoco logró colarse entre las seleccionadas, alimentando la idea de que el reconocimiento de la Academia hacia la animación japonesa se mantiene limitado y, en muchos casos, reservado casi exclusivamente a producciones asociadas a Studio Ghibli.

La polémica creció aún más cuando se conocieron los títulos finalmente nominados. En esta edición, la categoría quedó conformada por una mezcla de propuestas occidentales y europeas que incluyen la ciencia ficción temporal de Arco, la aventura espacial impulsada por Pixar con Elio, el musical de acción KPop Demon Hunters producido por Sony en alianza con Netflix, la propuesta artística europea Little Amélie or the Character of Rain y la secuela de gran presupuesto Zootopia 2 respaldada por Disney. El contraste no pasó desapercibido, especialmente por la inclusión de una historia occidental sobre cazadores de demonios mientras se dejaba fuera a las producciones japonesas que popularizaron ese imaginario a escala mundial.

Más allá de gustos personales, el debate abierto en redes apunta a una cuestión de fondo: el criterio con el que se evalúa la animación internacional y el peso real que tienen la innovación, la influencia cultural y el éxito global frente a la tradición industrial de Hollywood.
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